sancandido@sancandido.es | (+34) 942 334 533

¿Cuándo es recomendable que nuestros mayores vayan a un Centro de Día?

Durante el verano es habitual pasar más tiempo en familia. Las vacaciones, las visitas o los días en una segunda residencia hacen que nuestros padres estén más acompañados y que nosotros podamos observar de cerca cómo se encuentran.

A veces es precisamente durante este periodo cuando descubrimos pequeños cambios que durante el resto del año nos habían pasado desapercibidos: quizá salen menos, les cuesta realizar alguna tarea cotidiana, han perdido agilidad o tienen pequeños olvidos.

Por eso en septiembre, cuando recuperamos horarios y rutinas y, de alguna manera, empezamos un nuevo curso, puede ser un buen momento para detenernos a pensar si nuestros padres necesitan más ayuda en su día a día.

En estos casos, un Centro de Día puede ser una buena alternativa para que nuestros mayores continúen viviendo en su casa y manteniendo su autonomía, pero dispongan durante unas horas de atención profesional, compañía y actividades, al tiempo que reciben los cuidados que necesitan.

Lo cierto es que no existe una única respuesta a esta pregunta. Cada persona envejece de manera diferente y tiene unas necesidades distintas. Sin embargo, existen algunas situaciones que pueden indicarnos que acudir a un Centro de Día podría ser beneficioso:

Con la vuelta al trabajo y a las obligaciones habituales es posible que ya no puedas pasar tanto tiempo con tus padres como durante las vacaciones.

Si viven solos, salen poco de casa o sus relaciones sociales se han reducido, es importante prestar atención a esta situación. La soledad no deseada puede afectar tanto al bienestar emocional como a la salud y la calidad de vida de las personas mayores.

Acudir a un Centro de Día les permite relacionarse con otras personas, conversar, compartir actividades y volver a sentirse parte de un grupo. No se trata únicamente de estar acompañados, sino de mantener una vida social activa y enriquecedora.

Envejecer no significa dejar de hacer cosas. Precisamente, mantener una cierta actividad física, cognitiva y social es especialmente importante durante esta etapa de la vida.

Si notas que tu familiar pasa cada vez más tiempo sentado, ha abandonado actividades que antes realizaba o tiene pocas oportunidades para mantenerse activo, un Centro de Día puede proporcionarles una rutina adaptada a sus capacidades.

La actividad física, los talleres, la estimulación cognitiva y las actividades de ocio permiten trabajar diferentes capacidades y, al mismo tiempo, disfrutar, relacionarse y encontrar nuevos intereses.

Por eso, no es necesario esperar a que exista una dependencia importante para plantearse acudir a un Centro de Día. También puede ser un recurso preventivo que contribuye a conservar sus capacidades y su autonomía durante más tiempo.

Olvidar dónde hemos dejado unas llaves o tardar en recordar un nombre puede formar parte del envejecimiento normal. Sin embargo, si los olvidos comienzan a ser frecuentes o afectan a las actividades cotidianas, conviene prestarles atención y consultar con profesionales.

Cuando aparecen dificultades leves de memoria, concentración u orientación, las actividades de estimulación cognitiva que se realizan en los centros de día, así como contar con una rutina diaria puede resultar muy beneficioso para ellos.

Puede que tu padre o tu madre continúe viviendo en su casa, pero haya empezado a necesitar ayuda para determinadas tareas: asearse, vestirse, controlar la medicación, desplazarse con seguridad o mantener unos hábitos adecuados de alimentación.

Estas primeras dificultades no significan necesariamente que no puedan continuar viviendo en su domicilio, sino que necesitan apoyo o control durante unas horas al día, y para ello los Centros de Día son una gran solución.

No esperes a que exista una situación de dependencia

Un error habitual es pensar en un Centro de Día únicamente cuando una persona mayor ya no puede desenvolverse sola. Sin embargo, cuando nuestros mayores aún son independientes, acudir a un Centro de Día puede ayudarles también a mantener durante más tiempo sus capacidades físicas y cognitivas, favorecer un envejecimiento más activo y prevenir o retrasar la pérdida de autonomía.

Sentirse acompañado, divertirse en grupo y establecer nuevas relaciones repercute positivamente en su estado de ánimo, su autoestima y su bienestar emocional.

En la Fundación San Cándido entendemos el Centro de Día como un espacio de cuidado, pero también de convivencia y participación. Un lugar en el que cada persona recibe una atención adaptada a sus necesidades y a sus capacidades, respetando siempre la motivación y el ritmo de cada persona.