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Señales de alerta que pueden indicar deterioro cognitivo leve

A medida que las personas envejecen, es normal que aparezcan pequeños olvidos o despistes ocasionales. Sin embargo, en algunos casos estos cambios pueden ser más frecuentes o empezar a afectar al día a día.

Detectar a tiempo ciertas señales puede ayudar a actuar con anticipación y ofrecer el apoyo necesario para mantener la calidad de vida de nuestros mayores.

La clave está en observar la frecuencia, la repetición y el impacto que estos olvidos tienen en la vida diaria. Cuando comienzan a interferir en las rutinas habituales o generan dificultades en la autonomía de la persona, puede ser recomendable consultar con profesionales para valorar la situación.

El deterioro cognitivo leve es una fase intermedia entre el envejecimiento normal y un deterioro más avanzado. Identificarlo no siempre es sencillo, pero prestar atención a determinados cambios puede marcar la diferencia.

Uno de los primeros aspectos en los que suelen apreciarse estos cambios es la memoria reciente. La persona mayor puede empezar a olvidar las conversaciones que acaba de mantener o lo que acaba de hacer.

También es frecuente que repita varias veces la misma pregunta o necesite que le recordemos ciertas cosas con más frecuencia de lo habitual. Aunque estas situaciones no siempre indican un problema importante, conviene observar si comienzan a producirse con frecuencia.

Otra señal a la que debemos prestar atención es a la desorientación. Algunas personas mayores pueden confundirse con el día en el que están, desorientarse con los horarios habituales o sentirse inseguras en lugares que antes conocían perfectamente.

Si aparecen pequeñas dificultades a la hora de realizar tareas cotidianas que antes realizaban con normalidad como seguir una receta, dar un paseo por un sitio conocido, pedir una cita o vestirse correctamente, debemos prestar atención. Es importante diferenciar los pequeños despistes o achaques propios de la edad de posibles síntomas de deterioro cognitivo.

En algunos casos el deterioro cognitivo también puede reflejarse en la forma en la que se comunican nuestros mayores. De pronto puede costarles más encontrar determinadas palabras, pueden perder habitualmente el hilo de una conversación o se expresan con menos fluidez que antes.

Además de estos cambios relacionados con la memoria o la orientación, también es importante prestar atención al estado emocional. Algunas personas mayores pueden mostrarse más inseguras, irritables o desanimadas, especialmente cuando son conscientes de que ciertas actividades ya no les resultan tan fáciles como antes. Por esta razón, algunos mayores reducen sus relaciones sociales o pierden interés por actividades que antes disfrutaban.

Aunque no existe una fórmula mágica para evitar el deterioro cognitivo, sí sabemos que ciertos hábitos pueden ayudar a ralentizar su progresión y a mantener el cerebro activo durante más tiempo. Mantener una vida social activa, realizar ejercicio físico de forma regular, estimular la mente con actividades como la lectura, los juegos de memoria o las conversaciones, y conservar rutinas diarias son aspectos fundamentales para cuidar la salud cognitiva.

Del mismo modo, sentirse acompañado y participar en actividades que generen interés y motivación ayuda a preservar el bienestar emocional y la autonomía. En muchos casos, una combinación de estimulación cognitiva, actividad física adaptada y relaciones sociales puede contribuir a mantener las capacidades cognitivas durante más tiempo y mejorar la calidad de vida de nuestros mayores.