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Cómo prevenir la soledad de nuestros mayores

Conforme nos hacemos mayores la pérdida de seres queridos, los problemas de movilidad o la distancia con la familia pueden provocar que, poco a poco, nuestro día a día se vuelva más silencioso y solitario.

Esta soledad no deseada es uno de los principales retos a los que se enfrentan muchas personas mayores en la actualidad.

Sin embargo, la soledad no es una consecuencia inevitable del envejecimiento y se puede no sólo prevenir sino evitar.

La importancia de sentirse acompañado

Diversos estudios demuestran que la soledad prolongada puede aumentar el riesgo de depresión, ansiedad, deterioro cognitivo e incluso problemas físicos. Por eso, prevenir la soledad es también una forma de cuidar la salud de nuestros mayores.

Las personas somos sociales por naturaleza y esto no cambia con la edad. Sentirse acompañado y escuchado, participar en actividades grupales o simplemente compartir el día a día con iguales tiene un impacto directo en nuestra salud emocional y mental

En la Fundación San Cándido, creemos firmemente que cuidar también es acompañar, y que los vínculos humanos son tan importantes como cualquier tratamiento o atención sanitaria. Por eso trabajamos a diario para que nuestros mayores se sientan acompañados, escuchados y valorados.

Actividad y estimulación diaria

Uno de los factores clave para combatir la soledad es mantener una vida social activa, adaptada a las capacidades y preferencias de cada persona.  

Es fundamental promover rutinas diarias que ayuden a nuestros mayores a mantener su mente y su cuerpo activos. Animarlos a realizar manualidades, juegos de memoria, ejercicio físico adaptado o a que formen parte de actividades culturales o musicales. De esta manera, no solo mejorará su estado de ánimo y su autoestima, sino que también estaremos estimulando su memoria y sus capacidades cognitivas, al tiempo que se favorecemos su movilidad y su bienestar.

El papel de la familia

La familia es un pilar esencial en la prevención de la soledad. Mantener el contacto frecuente con nuestros mayores, interesarse por cómo se sienten y compartir tiempo de calidad con ellos marca una gran diferencia en su calidad de vida.

Sin embargo, no siempre es posible estar presente todo el tiempo. Contar con recursos profesionales que complementen el cuidado familiar ayuda a que la persona mayor se sienta acompañada, atendida y respaldada de forma constante, favoreciendo así su bienestar emocional y su calidad de vida.

Los centros de día y las residencias de mayores ofrecen espacios seguros y adaptados donde nuestros mayores pueden socializar, crear amistades y sentirse parte de una comunidad activa. Entre la familia y el centro puede crearse una red de apoyo que permite a las personas mayores vivir esta etapa con mayor seguridad, compañía y bienestar.